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miércoles, 17 de junio de 2015

El Mar y el Cerro Baúl

El Mar y el Cerro Baúl

Hablan los antiguos pobladores de Moquegua que una vez el Mar quiso tragarse a la Tierra. Fue esa vez cuando llovió y llovió sin parar días, semanas, meses, años. Fue tanta la lluvia que el Mar se puso insolente, al verse con más fuerza.
-¡Ahora sí devoro a la Tierra! –dicen que exclamó–- ¡Estoy cansado de que me impongan estas playas que limitan mi poder! ¡Yo no más debo existir en el mundo! ¡Yo, sólo yo, y nadie más! ¡¡Yoooooo!! - gritaba desaforado el impetuoso Mar.
Y dicho y hecho, el Mar desde lo más profundo de su ser, comenzó a levantarse en inmensas olas, y avanzó y avanzó hacia los puertos, hacia las ciudades, hacia los campos, y todo lo fue devorando. Nada ni nadie se salvaba de las violentas embestidas de las gigantescas olas. Las gentes morían ahogadas, otras se escapaban a las partes más altas de los cerros, de las montañas, pero tarde o temprano el agua insaciable los alcanzaba.
Así pasó el tiempo. Toda la Tierra se cubría de agua. Todo fue volviéndose agua, agua y agua. Las gentes fueron desapareciendo; los animales también; las aves cansadas de volar, caían al mar; otras con las alas mojadas ni podían volar siquiera: esperaban resignadas hundirse poco a poco en la oscuridad de las aguas.
Cuando todo estaba así, cuentan los antiguos que hubo aquí nomás cerquita un Cerro que se enfrentó al Mar.
-Es imposible que las aguas cubran toda la Tierra. Si sucede así, los seres humanos desaparecerán, y no habrá quien admire el sol, el amanecer, ni la noche, ni las estrellas. Tampoco habrá la risa de los niños, ni la abnegación de las madres…
Desaparecerá el amor, la alegría; las lágrimas, los suspiros, las esperanzas… -Dijo el Cerro. Y ese cerro se llamaba Cerro Baúl.
Y cuentan, amiguitos, que el Cerro Baúl, que estaba protegiendo a varios hombres, mujeres y niños que habían acudido en busca de su ayuda, comenzó a crecer y crecer; y por más que el Mar lo embestía queriendo derribarlo, fracasaba en su intento; y así siguió la lucha entre el Mar y el Cerro Baúl. Atacaba el Mar, y el Cerro incrementaba su fortaleza y se elevaba más. El Mar sufría de cólera.
Dicen que el Mar cansado, agotado, a regañadientes, se dio por vencido, y cada vez golpeaba con menos fuerza las colinas del Cerro Baúl, hasta que comenzó más bien a retroceder hasta donde eran sus antiguas playas… También dejaron de caer las lluvias torrenciales del cielo; seguro, comprendieron que debían ser amigas del ser humano…
De esta manera, el majestuoso Cerro Baúl le ganó al Mar; y los hombres y mujeres que él protegió bajaron a poblar nuevamente la Tierra.

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